DISFRUTA DE TUS HIJOS
- cpftherapist
- 8 jun 2021
- 4 Min. de lectura
Sentada en la playa, la imagen de una madre joven y su pequeño hijo me hicieron sonreír. Ella estaba recostada en una tumbona leyendo un libro; a su lado, su hijito de unos catorce meses, jugaba con un tobo y la arena.
Observar ese cuadro me hizo pensar qué afortunado es este niñito. Esta madre parece tener confianza en su capacidad de ser madre que proviene de dentro de ella. Lo que estaba haciendo es algo muy natural. Ser madre no implica dejar de ser persona para dedicarse en cuerpo y alma para siempre a ese bebé. Implica darle y darse espacio para poder ser, poder crear.
Cuántas madres jóvenes tienen esa tranquilidad? Cuántas madres jóvenes tienen el privilegio de permitirse ser mamás confiando en su criterio y sentido común? En sus experiencias de ellas como bebés y sin hacerle tanto caso a la propaganda que nos bombardea y nos dice que algo natural como la maternidad hay que aprenderlo? Cuántas mamás confían más en los maternales ? Como si estos realmente supieran más y mejor que ellas que son madres de sus hijos lo que es mejor para ellos.
Los primeros treinta y seis meses de vida son fundamentales para todo individuo. Durante ese tiempo ese bebito pasa a ser una persona. Se forma su personalidad. Ese proceso maravilloso y complejísimo es invisible a los ojos, y sin embargo es lo que nos va a acompañar para el resto de la vida.
No hay nada que un maternal “enseñe” que no pueda ser aprendido en casa; sin embargo eso no es lo que estos les dicen a las jóvenes e inexpertas mamás. Les hacen pensar que lo que tiene que lograr un niño chiquito es dificilísimo de lograr y que sin su invalorable ayuda probablemente no tengan éxito. Así algo tan natural como puede ser el que el niño deje los pañales, lo muestran como una tarea titánica.
Conocer de las texturas, los sabores, los animales y hasta la socialización, son aspectos que se logran llevando al niño al mercado con nosotros, a la playa, al parque, a casa de los abuelos. Las mamás se sienten tan demandadas teniendo que hacerlo todo y además hacerlo bien, que dudan de su capacidad, se sienten sobre saturadas, sobre demandadas, necesitan que las rescaten y es allí donde los maternales hacen “su Agosto”.
Hace varios años pasaron una película excelente “Baby Boom”, que precisamente parodiaba todo esto. Una mamá en Nueva York sentada en el parque, oyó a otras madres hablar de lo difícil que resultaba inscribir a sus pequeños hijos en los pre-escolares prestigiosos, que eran los que iban a permitir al niño el día de mañana, entrar a una universidad de prestigio, y de la enorme demanda de estos pre-escolares. Había que anotar al hijo antes de que naciera para tener posibilidad de cupo. La madre novicia empieza por hacerse eco de la angustia e inscribe a su hijita en un baby gym y empieza una enseñanza mecánica de palabras y letras.
Ojalá existieran escuelas para padres que dieran confianza a las madres jóvenes y las ayudaran a ver que en su mayoría, son madres suficientemente buenas para sus hijos. Que las ayudaran a quitar la angustia y las apoyaran a tener confianza para poder estar y disfrutar de sus hijos y saber que está bien tener un tiempo para ellas. Que pueden estar en casa sin necesariamente tener a los niños encima de ellas. Que el niño necesita tiempo para jugar solo cerca de ellas, tiempo libre para inventar y crear, para fantasear. Que de verdad no hace falta llenar a los niños de actividades extracurriculares. Que aunque sea impresionante ver a un niño de tres años leer, realmente para aprender a leer con placer tiene tiempo. Por qué tenemos que apurarlos y sobre demandarlos? Así como nos sentimos sobre exigidos les estamos exigiendo a ellos. El niño chiquito que no lee aún, imagina, inventa, crea.
Los padres jóvenes la tienen difícil. Viven en un mundo de estrés y de exigencias y esto los puede llevar a considerar que todo lo que hacen tiene estas características. Así, la crianza de los hijos puede ser vivida como una gran responsabilidad y demanda. Sin embargo, ello es solamente una parte de la experiencia de ser padres. No se pierdan del disfrute de ver crecer a sus hijos y de ser partícipes de ello. Vivir la experiencia de ser padres no tiene que ver con un horario cargado de actividades, tiene que ver con estar allí para el hijo, con poder ponerle palabras a lo que está viviendo para que mañana pueda hacerlo por sí mismo, con resonar ante sus sentimientos cuando nos los trae, con ser un ejemplo. Tiene que ver con disfrutarlo, vivirlo, sufrirlo.
Atrévanse a tomar sus decisiones. Sepan que nadie conoce a sus hijos más que ustedes. Si deciden poner a su hijo temprano en el maternal, háganlo por razones propias, no porque todos los amigos lo están haciendo. A veces pensamos que los niños chiquitos se aburren en casa, que necesitan amiguitos. Un niño pequeño no se aburre en casa. Las ollas son su tambor, una caja grande es su castillo.
Tengan confianza en ustedes mismos y vivan la vida, no dejen que la vida los viva a ustedes. Antes de que se den cuenta, un día se van a encontrar con un adolescente que les cierra la puerta.
Clara P Fleischer.
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